Martes, 20 Septiembre 2016 11:43

“SER DESPLAZADAS ES SOLO EL COMIENZO”: TESTIMONIO DE SUPERACIÓN.

Escrito por Eliana Méndez Pastrana Estudiante de tercer semestre de la Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad de la Amazonia.

Las regiones con mayor incidencia de eventos violentos, suelen tener fuerte presencia de grupos armados ilegales. Estas mismas zonas son reconocidas como centros de producción de sustancias ilícitas e incluso son territorios en los que se presenta abandono de parte del Estado y elevados niveles de pobreza. Todas estas características se evidencian en el municipio de San Vicente del Caguán, el cual se encuentra localizado en el departamento del Caquetá, y ha sido una de las zonas más afectada por la violencia, especialmente armada, pues ha sido sitio de asentamiento y operatividad de grupos insurgentes, principalmente de la guerrilla de las FARC, lo que ha desatado combates con la fuerza pública, pero donde se ha visto también involucrada la población civil,  siendo víctima de emboscadas, atentados, hostigamientos, desplazamientos masivos, extorsiones, reclutamientos forzados y ataques terroristas y demás formas violentas que han alterado el normal desarrollo de la sociedad.

 Estas dos mujeres, llenas de perseverancia, coraje y esperanza, comparten un lazo familiar y una serie de acontecimientos trágicos que las marcaron para siempre. Patricia y Luz son cuñadas; donde a veces este lazo resulta tan frágil y carente de importancia, pero en este caso, significa amistad, complicidad y apoyo. Ellas, fueron desplazadas de sus tierras de ensueño, del lugar que las vio crecer, de los campos abiertos donde antaño rieron, bailaron y amaron.

En el año 2002 Luz se encontraba trabajando en una hacienda ubicada en la llamada “Zona de distención”; a pesar de que era una región con bastante presencia guerrillera, ella argumenta que vivía muy bien, ya que trabajaba en la hacienda de su patrón y recibía a cambio lo necesario para llevar a cabo una vida honrada y plena junto a su pequeña hija.

Recuerda sin derramar lágrimas pero con una voz impregnada de dolor y rabia, al mencionar aquel domingo del mes de Febrero en que cínicamente le dijeron: “se van o se mueren”. Esto ocurrió porque su patrón se negó a pagar la “vacuna” mensual que cobraba la guerrilla por la cantidad de reses que tuviera, y fundamentalmente por el hecho de que la mayoría de sus hermanos hacían parte de la fuerza pública. “Estaba yo solita en la finca con mi hija, y entonces yo no hice sino coger un caballo y venirme con ella, ¿qué más hacía? (…) No me dejaron sacar nada de allá. Nosotras teníamos gallinas, reses, de todo.”

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En el mes de mayo de 2012 el hermano de Luz, quien hacía parte del Ejército Nacional fue asesinado y junto a su cuerpo había una nota donde advertía a sus familiares más próximos que tenían que irse,  pues de lo contrario correrían el mismo destino. Patricia, cuñada del fallecido y de Luz, tuvo que partir junto a sus dos hijos y su marido, quien también pertenecía a las fuerzas oficiales. “Mi marido siendo el hermano de él, decía que no nos dejaba, que si él se iba que nos fuéramos nosotros con él. Y daba temor no irme porque si no me iba, qué tal que él no se fuera. Y como la muerte no era solamente para el hermano, eso a todos los amenazaron. (…) Tocó recoger el ganadito y regalar todo.” Dejaron sus recuerdos en San Vicente del Caguán, dejaron atrás una estabilidad tanto económica como emocional que no volvieron a encontrar nunca.

Para estas dos mujeres empezar una nueva vida sin los recursos y ayudas suficientes resultó ser complejo; al pasar a ser desplazadas que están en situación irregular en un territorio son infortunadamente vulnerables a la discriminación. Primero, porque se tiene la falsa percepción de que las personas gozan de derechos dentro de su territorio y los pierden al irse de ellos, de ahí que con frecuencia sufran de abusos y vejaciones.

“La gente de acá del Caquetá, donde sea, lo discriminan a uno, que como fulano no tiene estudio le van a pagar lo que quieran, (…) eso es una discriminación, cómo va a ser que porque ellos tienen su estudio, tienen cómo vivir y nunca les ha tocado lo que a nosotros nos tocó vivir, vengan a aprovecharse de la situación de nosotros.” (Luz)

Segundo, porque cargan con una serie de estereotipos y estigmas que los relacionan con delincuentes, integrantes de grupos delictivos, alta peligrosidad y violencia.

“(…) que uno sea desplazado y venga de por allá y que la cédula sea de San Vicente, eso dicen que somos una partida de guerrilleros, esa es la mayor discriminación que he pasado. (…) Uno está enseñado en el campo a trabajar honradamente y llegar aquí al pueblo es cosa muy difícil que a uno se le intenta dañar el corazón”. (Luz)

Es muy importante que se genere un cambio cultural en el que haya una sensibilización sobre las condiciones en que viajan las personas desplazadas y las razones por las cuales una persona deja su tierra. La mayoría de las personas al ser desplazadas forzosamente de su territorio llevan muy pocos recursos, lo que pone en peligro su integridad, además, huyen de las situaciones de violencia que ha generado el conflicto armado.

En este punto, es necesario resaltar la importancia de la memoria histórica como generadora de conciencia y tolerancia, para un país marcado por la violencia. Colombia lleva más de medio siglo luchando contra un conflicto armado que ha traído consecuencias nefastas para la población civil; quien es la que sufre las acciones violentas de los enfrentamientos, aportando el mayor número de víctimas mortales, personas desplazadas, secuestradas y/o extorsionadas. A través de la reconstrucción del pasado se desea construir la memoria colectiva del país, mediante las diferentes narrativas tanto de las víctimas como de los victimarios, con el fin de no olvidar las masacres, desplazamientos, asesinatos, secuestros o delitos de lesa humanidad, que se cometieron en el contexto del conflicto armado en Colombia, pero no como una forma de revictimizar sino como una garantía de no repetición.

Es en este contexto donde se ubican dos historias de dos mujeres que han tenido que padecer los estragos que ocasiona la injusta violencia armada, en la que sin quererlo y casi sin darse cuenta se ven involucradas.


 

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